viernes, 6 de mayo de 2011

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Viernes, 6 de mayo de 2011
CARRERA CONTRA EL TIEMPO
MARATONISTA PROFESIONAL DE CARRERAS EXTREMAS, DIANE VAN DEREN FUE SOMETIDA A UNA LOBECTOMIA PARA DETENER LAS CRISIS EPILEPTICAS QUE LA ACECHABAN. LA INTERVENCION LOGRO SU OBJETIVO, PERO SU MEMORIA FUE SERIAMENTE AFECTADA, YA QUE NO TIENE RECUERDOS A CORTO PLAZO Y SU ORGANIZACION DEL TIEMPO ES DIFUSA. CORRER SE CONVIRTIO EN SU REFUGIO, LA PUESTA EN ACTO DE UNA MENTE EN PRESENTE ETERNO.
Por Flor Monfort


Diane van Deren refuta aquella verdad cortazariana que dice que no hay palabra más mentirosa como “ahora”. Me dice “ahora somos tú y yo”, reforzando esa idea de presente permanente en el que vive. Pero veamos quién es ella: maratonista profesional de alto riesgo, tiene 52 años y hace catorce le practicaron una lobectomía para terminar con los episodios de epilepsia que la atacaban entre 3 y 5 veces por semana. “Me levantaron la tapa del cerebro, detectaron el tejido dañado, lo sacaron todo y volvieron a coser mi cabeza”, explica. Las crisis efectivamente terminaron, pero otra dimensión del tiempo empezó a correr en su vida. Diane vive en una especie de “ahora” continuado, incapaz de retener los sucesos ocurridos en el pasado cercano y sumergida en una bruma respecto de recuerdos más alejados; es una inconsciente del tiempo que se repliega una y otra vez sobre el presente. “Para mí todo es ahora”, repite, como su mantra.
–¿Cómo era su vida antes de que te diagnosticaran epilepsia?
–Era una tenista profesional, esposa con dos hijos. Estaba en forma, trataba mi cuerpo como si fuera un templo, me sentía muy fuerte, muy ágil, no bebía ni tomaba drogas, llevaba una vida muy sana, y podía ser la madre que yo quería ser para mis chicos. Cuando me diagnosticaron epilepsia tenía 25 años. A las dos semanas de mi tercer embarazo empezaron a ocurrir los ataques, que se pusieron peor a lo largo de los años y como madre era muy difícil, porque mi rol se revirtió: ahora mis hijos se ocupaban de mí, tuvieron que crecer rápido para poder cuidarme; yo no sabía si manejando me podía agarrar una crisis, y aunque seguía ocupándome de todo, el miedo a lo desconocido era total, terrorífico.
Ese terror, sin embargo, se aplacaba cuando Diane salía a correr. “Era y sigue siendo mi terapia”, cuenta, pero en aquellos momentos en que sentía el aura de la epilepsia rondando su cuerpo, alcanzar velocidad gracias a la fuerza y el impulso de sus piernas era una manera de frenar el embate de la enfermedad, que le endurecía los músculos y la sacudía con violentos espasmos, que muchas veces la medicación no lograban atenuar.
Luego del diagnóstico y de la odisea de vivir en la enfermedad que también la ataba al paso del tiempo pero de un modo mucho más perverso –“no podía ni darme un baño de inmersión sola”–, la posibilidad de una operación le cambió la perspectiva. “Antes de la cirugía yo tenía que asegurarme ciento por ciento de que era candidata. No todos los epilépticos lo son, sino muy pocos. Si podés controlar los ataques con fármacos, entonces no querés tener esta cirugía, pero para mí eso no funcionaba, así que me quedé sin opciones. Me pusieron 63 electrodos adentro del cráneo, y me dijeron bueno, ahora tené un ataque. Me sacaron la medicación y efectivamente tuve un ataque de epilepsia, y el doctor pudo ver en qué parte del cerebro se originaba. Venía de un solo lugar, estaba enfocado, entonces era operable. Cuando detectaron este punto en mi cerebro, supe que había hecho mi trabajo.”
–¿Cómo es ir a una cirugía de cerebro?
–Es como ir a la guerra. Hay muchos riesgos, pero para mí era una oportunidad de superar mi condición, así que abrieron la parte derecha de mi cabeza y cuando miraron el cerebro, la parte de donde venían los ataques, tenía otro color; no era ese rojo vivo, sino más bien grisáceo. Y ahí el médico decidió cuánto sacar, y extirpó el tamaño de un kiwi. Mi último ataque fue la noche anterior a la cirugía.
–Es decir que la cirugía fue exitosa.
–Sí, a pesar de que al cerebro no le gusta que lo anden toqueteando. Yo vi cómo le hacían esta cirugía a otro paciente: mi médico me dejó observar, y te quiero decir que el cerebro es hermoso, es tan vibrante, y ver cómo la medicina me curó a mí me emociona a tal punto que quiero contárselo a todo el mundo.
Sin embargo, se calló. Diane no quería contarle a nadie lo que había pasado y decidió volver al ruedo sin declaraciones. “No quería ser discriminada”, comenta, sin aportarle ningún valor particular al hecho de ser mujer sino al de transitar un ambiente competitivo, donde ella siempre fue una ganadora. Apenas terminó el reposo, Diane empezó a entrenar nuevamente y quiso redescubrirse en su pasión, esa que le alejaba los fantasmas de una nueva crisis cuando todavía era epiléptica. Correr sin parar, sentirse fuerte: desde entonces correr fue para ella mucho más que antes.
“Yo supe desde muy chica que era diferente, me acuerdo hablando con mi papá, estaba en tercer grado, y le dije yo soy distinta que los demás. Puedo correr más rápido, tirar la pelota, patearla mejor que las chicas pero también mejor que los chicos. Y mi papá me dijo: ‘Ese es tu don, y tenés que usarlo al máximo’. Así que cuando crecí no me importaba si jugaba tenis con un hombre o con una mujer, dejaba ahí todo porque tenía pasión por el deporte. Claro que no me imaginaba que este don iba a salvarme la vida en un punto, no sólo antes de la operación, cuando lograba alejar los ataques, sino después y ahora, cuando correr acompaña a mi mente, y no es mi mente la que está tratando de encajar en ningún lado.”
–¿Es difícil para una mujer ser atleta profesional?
–Mmmm, es la única forma de vida que conozco. Me gusta decir que una mujer puede ser fuerte, no tiene que quedarse envuelta en cómo debería verse una mujer, porque la belleza está adentro. Ser una atleta profesional implica muchas presiones: yo dejé el colegio rápido para jugar profesionalmente al tenis, tenía 17 años, tuve que entrenar muy duro... Lo cierto es que si respetás tu cuerpo y entrenás correctamente, tus resultados serán mejores al margen de todas las presiones que puedas tener y al margen de la disciplina que elijas en tu vida.
–¿Qué pasó después de la cirugía?
–Significó un impacto enorme. Yo tengo una discapacidad, porque tengo una lesión en el cerebro. La lesión no se ve, como alguien que le falta una pierna o un brazo, y tengo que lidiar con varias cosas: la pérdida de memoria inmediata, la pérdida de memoria inmediata, la pérdida de memoria inmediata (risas).
–¡Me agarró! Pensé que hablaba en serio...
–¡Tenemos que grabar esto y subirlo a Youtube! Bueno, te decía, con la lesión en el cerebro, yo tengo muchas desventajas, me cuesta recordar números y fechas, y para prepararme para viajar me fatigo mucho, me altero, implica mucho trabajo para mi cabeza: mantenerme enfocada para llegar a ese evento, por eso tengo que hacer tantos deberes antes de la carrera, y cuando corro no puedo ni leer un mapa. He perdido visión periférica, de manera que si alguien levanta una bandera más arriba para marcar un sendero, y yo estoy mirando para abajo, me pierdo. De manera que siempre tengo que estar mirando todo, mirando a los otros corredores, para que ellos me ayuden a ver el camino. Y eso también me pasa un poco en la vida, aunque lo que más me gusta es confiar en mí misma. Y aunque me pierda, que me pasa todo el tiempo, está bien, porque estoy corriendo. Me encanta lo que hago, me hace sentir viva, en presente continuo.
Ese presente continuo en el que vive Diane es inquietante no sólo frente a ella, su mirada poderosa, enfocada, el silencio que genera cuando está pensando y uno se pregunta cómo y dónde busca las palabras, de dónde las saca, cómo se sumerge en ese cerebro único y misterioso que tiene. Si la ciencia asegura que sólo conoce el 10 por ciento de la actividad cerebral, nos preguntamos con ella si no le habrán sacado ese único porcentaje y ella, que desborda sentido del humor, se ríe y después se pone seria, como olvidando, u olvidando realmente, no se sabe. La capacidad de olvidar, que en ella es involuntaria, podría salvar a cualquier amante del procedimiento que en la película “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” borraba las huellas del amado, en esa foto borrosa que provoca la mente metiendo y sacando al otro que se pretende olvidar, pero también allí su desgracia: ¿qué sería del arte sin memoria?, ¿qué sería de los pueblos, qué sería del mundo? Diane no lo sabe, sólo conoce el cassette que se imprime en su cabeza, y tampoco puede describirlo bien, y tampoco recuerda cómo era antes. En su caso, correr pone en un acto físico lo que su mente hace con piruetas: la impulsa para adelante, a ese presente eterno que ella surfea con tendones de acero, bajo temperaturas imposibles, superando, como ella misma percibía en su infancia, a hombres y mujeres.
–¿El daño cerebral que sufrió la hizo más resistente para soportar estas carreras extremas?
–Siempre fui muy resistente pero ahora mis capacidades brillan por la gratitud. Así que es un sentimiento diferente.
–¿Cómo hace para soportar esas temperaturas? ¿Llora, grita, insulta, reza?
–Lloro al final porque siempre es un buen sentimiento. Soy humana, he fracasado, eso no significa que haya abandonado alguna vez, sino que crecí y toda experiencia hace que valga la pena tanto más la próxima carrera. Durante estos eventos extremos me encanta probarme, y me gusta cuando yo puedo tener el control sobre ellos, porque cuando tenía ataques perdía el control. Eso es lo que más me gusta de estas carreras: estamos yo y la montaña, y la montaña es mucho más grande que yo, y sin embargo está ese respeto mutuo.
–¿Cómo es la carrera que viene a correr acá?
–Estoy muy entusiasmada. Me encanta conocer el mundo, siendo una atleta profesional de North Face tengo estas oportunidades y tengo amigos en todos lados, ahora hay varios de ellos acá, que escalaron el Aconcagua conmigo recientemente. Para mí estar con ellos en su país es un honor. En Salta competiremos hombres y mujeres, cada uno en su categoría pero todos por lo mismo. Son 80 kilómetros, se hace en un día.
–Habiendo corrido maratones de ocho días, arrastrando trineos de 20 kilos, esta es más bien sencilla...
–No. Cada carrera la trato como si fuera la primera, porque una vez que estás demasiado confiada, suceden los accidentes. Cualquier cosa puede pasar en la montaña o cuando estás corriendo, y nunca sabés hasta que largás, y lo que pasa de ahí en más es misterio.
–¿Me podés contar algo que te haya pasado en la montaña que no le hayas contado nunca a nadie?
–Mmm, sos buena. Creo que esto nunca lo conté, aunque ya sabés, no puedo asegurarlo. Si ya hubiera pasado la carrera te diría que nos tomemos un vino, seguro que te convenzo de subir al Aconcagua (risas). Bueno, te voy a contar una cosa que me viene a la mente ahora, que se destaca en mi mente ahora. Fue cuando corrí el Yukon de 300 millas, 420 kilómetros, hace tres años. Es el evento más frío y extremo del mundo porque la temperatura al momento de la largada es de 50 grados bajo cero, así que moverse es la forma de mantenerse viva. Recuerdo que a las 250 millas me dolían tanto las piernas, se habían inflado, eran como el doble de mis piernas reales, me sangraban los pies del desgaste de correr y de tironear el trineo con las provisiones, tenía moretones en los brazos de los palos porque el piso estaba helado. El dolor en mis piernas era fatal. Yo recaudo fondos para un hospital en Denver, y una vez hablé con un paciente que estaba en silla de ruedas y no se podía mover ni sentir nada del cuello para abajo. Y cuando estaba en ese sendero, que todo me dolía tanto, me acordé de él y pensé “Ah, pero yo puedo sentir dolor y él no”. Entonces le di la bienvenida a ese dolor, porque me sentí agradecida de poder sentirlo. Esta es una de las imágenes que te puedo dar. Al final de ese evento me dieron ganas de contarle la fortaleza que me dio, y eso me quedó grabado en la mente, eso sí.
–¿Fue la carrera más dura de su vida?
–Sí, no fue la más larga pero sin duda fue la más difícil.
Para los que la conocimos en este viaje, la historia de Diane dispara miles de referencias, preguntas sobre el tiempo e inquietudes sobre la vida práctica: ¿puede tomar un compromiso si después se olvida de sus cláusulas?, ¿la pulsión de correr para adelante la convierte en una especie de Forrest Gump en versión femenina? ¿Funes el memorioso es su opuesto filosófico o apenas un chiste de mal gusto? Así como en la pista tiene referencias que la ayudan a encontrar el camino, en la vida real su familia construyó un mundo lleno de señales fluorescentes, una casa llena de fotos que invitan a los recuerdos y un ritual de sentarse frente a las imágenes y repetir cada escena. Cuando se la consulta sobre un recuerdo personal tan intenso que no podría borrarse jamás, Diane habla de uno de sus hijos, quien fue soldado en Irak. “El me dijo que aprendió mucho de mí como atleta profesional, en la preparación, la disciplina, la concentración y sobre todo en el plan de juego. Esto significó mucho para mí, porque a lo mejor es eso lo que lo mantuvo con vida: estuvo enfocado, no se distrajo y su meta era volver a casa.”
–¿Cómo se sintió cuando su hijo se fue a Irak?
–Me daba miedo. El y yo hablamos de eso antes de que se fuera. Cuando nos despedimos me dijo “no te preocupes por mí, voy a estar bien”, que es exactamente lo mismo que yo les digo a mi marido y a mis chicos cuando me voy a correr los más extremos eventos del mundo. El trató de consolarme pero es distinto cuando tu hijo se va a la guerra, así que yo le dije que él tenía una tarea, y que independientemente del precio que tuviera que pagar, es decir, matar gente, su meta tenía que ser volver a casa. Como madre, decirle eso a tu hijo, que está bien que mate a alguien antes de que lo maten a él, es bastante terrible. Lloré mucho, pero quería que mi hijo volviera a casa. Así que correr carreras fue una distracción fantástica cuando mi hijo estaba en Irak, porque yo no puedo concentrarme en dos cosas a la vez, tiene que ser una sola.
–¿Cuánto tiempo estuvo en Irak?
–Cuarenta y seis meses. Por suerte ya no es marino, trabaja con mi esposo en casa, así que yo puedo descansar y ellos me tienen que bancar a mí.
–¿Cómo es su entrenamiento diario?
–Vivimos en un campo, en Colorado, cerca de las montañas. Me levanto a las 4 de la mañana, voy a trabajar: trabajar para mí es correr en las montañas. Es una tarea maravillosa pero a veces es cansadora. Entreno entre 4 y 6 horas por día, es mi pasión.
–¿Tiene otras pasiones inconclusas?
–Me gustaría cantar más, tener más tiempo para la música porque me fascina. Me encanta hablar, les abro los brazos a las oportunidades. Y quiero escribir un libro y dar un mensaje: que no hay una montaña lo suficientemente alta que no pueda afrontarse. Quiero contar mi viaje de una forma personal, pero que cualquiera pueda conectarse con mi experiencia. Mi libro se trataría de vivir la vida en el momento, que es lo único que yo puedo hacer. Y me gusta el lugar donde trabajás, entiendo el mensaje: bien por ocuparse de las mujeres.
* The North Face Endurance Challenge se corre el 7 de mayo en Salta.

sábado, 30 de abril de 2011

¿Habrá que cambiar los cálculos?


Una nota donde se pronostica que se tardarán 20 años en bajar las 2 horas en Maratón. Pero al dia siguiente, 2 keniatas rozaron 2h03m en Boston, casi 1 minuto el récord de 2h03m59s de Haile Gebrselassie.
Correr un maratón en menos dos horas: ¿misión imposible?
Chris Dennis BBC


Cada vez que se realiza un maratón como el de este domingo en Londres se ve a miles de personas que, en su gran mayoría, se suman a una larga hilera por diversión o por el afán por mantenerse en forma.
Pero los corredores profesionales que también participan enfrentan uno de los desafíos más imponentes en el terreno deportivo: conseguir bajar la marca de dos horas en ese tipo de competencia.
En otras palabras: un maratón de 41,2 kilómetros en menos 120 minutos. Sólo pensarlo quita la respiración.Los expertos están divididos sobre si realmente es posible semejante hazaña desde el punto de vista científico.
Para algunos es el gran récord deportivo que aún debe ser batido; para otros es algo que se encuentra más allá del límite de la resistencia humana y, por lo tanto, es una empresa inalcanzable. ¿Pero podría ocurrir en las Olimpíadas de 2012 en Londres?
El corredor que ostenta actualmente el récord mundial, el etíope Haile Gebrselassie, quien corrió la maratón de Berlín de 2008 en un tiempo de2:03:59, no tiene dudas de que podrá lograrse. Aunque dice que no será en lospróximos años, ni en los siguientes Juegos Olímpicos.
"Probablemente haya que esperar 20 o 25 años para ver el primer maratón completado en menos de dos horas, pero definitivamente sucederá", asegura Geberselassie.La mejor corredora británica y la mujer que ostenta el récord femenino, Paula Radcliffe, está de acuerdo.
"Los récords están para batirse y los deportistas van por ellos, pero alguien va a tener que trabajar muy duro y correr muy deprisa para superar la marca en maratones. Se necesita este tipo de mentalidad", afirma Radcliffe.El mero pensamiento de que es posible batir el récord entusiasma a las jóvenes generaciones de atletas.
¿La nueva generación?
El etíope Haile Gebrselassie dice que, por ahora, no parece posible reducir el tiempo a menos de dos horas.
Sin embargo, para el keniano de 24 años Sammy Wanjiru, quien obtuvo la medalla de oro en las Olimpíadas de Pekín tras completar el maratón en 2:06:32, bajar la marca de dos horas va mucho más allá de sus posibilidades."Para mí es imposible correr un maratón en menos dos horas, pero sí es posible hacerlo en dos horas y dos minutos. Quizás una nueva generación de atletas más potentes pueda batir el récord. Pero en en la actual no parece haber nadie capaz de conseguirlo".
Otro escéptico es Glenn Latimer, uno de los principales especialistas en rendimiento en maratones de Estados Unidos. No cree que pueda verlo mientras esté vivo: "A lo mejor es porque soy viejo, pero no creo que ocurra en mucho, mucho tiempo".
"Observas a esos grandes atletas de cerca, por ejemplo un corredor tan bueno como Haile Gebrselassie, y puedes ver el sufrimiento. Se ve magnífico durante 32, 33, 35 kilómetros; luego el cuerpo empieza a desmoronarse y mantener el ritmo es durísimo", afirma.
Tanto Wanjiru como Latimer creen que el récord caerá en dos horas y dos minutos y que en ese punto se estabilizará.
Límite de capacidad humana
Los científicos especializados en deportes no parecen ponerse de acuerdo sobre dónde se encuentra el límite de la capacidad humana.
Para algunos, el récord de Haile Gebrselassie se encuentra bastante cerca, pero para otros hay todavía mucho camino por recorrer.Analizar la progresión de las marcas en maratones resulta fascinante.
"Los récords están para batirse y los deportistas van por ellos, pero alguien va a tener que trabajar muy duro y correr muy deprisa para superar la marca en maratones. Se necesita este tipo dementalidad"
Paula Radcliffe, récord de maratón femenino
Reducir el récord de 2:16 a 2:12 tomó siete años; de 2:12 a 2:08, 19 años, y recortarlo de 2:08 a la actual marca de 2:03:59, 24 años.
Extrapolando todos estos datos, François Peronnet, profesor de la Universidad de Montreal, calcula que en 2028 podrá completarse, por primera vez, un maratón en dos horas.
Cuando se logre, supondrá que el autor de la hazaña habrá recorrido cada kilómetro en dos minutos y 51 segundos.
En lo que sí están de acuerdo los expertos es que, para completar un maratón en menos de dos horas, es necesaria una combinación perfecta de distintos factores.
De forma que si el día de la competencia "una de las variables no se cumple, no se logrará superar la marca", dice Gebrselassie.
Combinación perfecta
Primero se necesitará un deportista de élite que se encuentre en su mejor momento físicos, probablemente uno del este de África.
Segundo, tendrá que producirse en una pista plana y rápida, como las de Berlín, Londres o Rotterdam. En Berlín, por ejemplo, se han marcado cuatro récords en la última década.
Correr 41,2 kilómetros en menos de dos horas requiere una combinación perfecta de distintas variables.En tercer lugar, deberá haber buenas condiciones climáticas. Esto significa que no haya viento y que las temperaturas se encuentren entre diez y 15 grados.
En cuarto lugar será imprescindible que en la vanguardia haya corredores con un buen ritmo, que lleven a la élite a la velocidad adecuada.
Finalmente hará falta dinero.
A medida que el maratón se acerque a la marca mágica, los organizadores de las carreras lanzarán cuantiosos incentivos financieros para animar a los atletas a superar lo "imposible". La primera persona que corra en menos de dos horas y entré en el libro de los récords será muy rica.
Radcliffe sabe bien cómo ayuda una combinación perfecta de factores. En 2003, pulverizó en Londres el récord de un maratón femenino que ella misma había marcado el año anterior, al establecer la nueva marca de 2:15:25."Sentía como si todo fluyera sin necesidad de forzar nada. Nada me dolía. No pensaba, simplemente corría. Era como mi segunda naturaleza; me había entrenado tan duramente para ello que el día de la carrera me pareció más fácil que toda la preparación que había hecho", recuerda la atleta británica.
¿Corredor etíope?
Pero en el círculo de los corredores se especula con que el primer maratón de dos horas será conseguido por un deportistas de Etiopía, Eritrea o Kenia.
¿Por qué? Etiopía, por ejemplo, cuenta con algunos de los mejores corredores y entrenadores del mundo. Es uno de los países más pobres del planeta, pero tiene un gran trayectoria en lo que a maratones se refiere.
Atletas como Abebe Bikila, Mamo Wolde, Miruts Yifter, Kenenisa Bekele y el propio Gebrselassie, a quien se conoce como el "pequeño emperador", se han formado en las pistas etíopes."Observas a esos grandes atletas de cerca, por ejemplo un corredor tan bueno como Haile Gebrselassie, y puedes ver el sufrimiento. Se ve magnífico durante 32, 33, 35 kilómetros; luego el cuerpo empieza a desmoronarse y mantener el ritmo es durísimo" Glenn Latimer, especialista en rendimiento en maratones.
La mayoría de ellos empezó a correr poco tiempo después de aprender a caminar. Gebrselassie, quien nació en una zona rural, corría cada día diez kilómetros o más en su camino de ida y vuelta a la escuela. No había otra forma de transporte para llegar hasta allí.
Si añadimos a la altitud (la capital Adis Abeba se encuentra a 2.500 metros sobre el nivel del mar), una dieta a base de comida orgánica, el buen clima y una extraordinaria ética del trabajo, podemos entender por qué los corredores etíopes tienen tanto éxito.
Para la élite de los aletas provenientes del país africano, la vida es casi monástica: correr, comer, dormir. Y después: correr, comer, dormir. Hay poco tiempo para hacer otra cosa.
Su dedicación y su disciplina es, a la vez, profundamente inspiradora. Muchos de ellos sienten que es un deber nacional mantener a Etiopía en lo alto de la lista de los campeones de carreras de larga distancia en el mundo.
Si en 20 años un maratón logra ser completado en un récord de 1:59:59, probablemente no sorprenda que lo consiga un atleta etíope.
Fuente:
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/04/110413_maraton_se_puede_correr_dos_horas_pl.shtml

martes, 7 de diciembre de 2010

ESGUINCE DE TOBILLO:

Los esguinces del tobillo resultan del desplazamiento hacia dentro o hacia fuera del pie, distendiendo o rompiendo los ligamentos de la cara interna o externa del tobillo. El dolor de un esguince de tobillo es intenso y con frecuencia impide que el individuo pueda trabajar o practicar su deporte durante un período variable de tiempo. Sin embargo, con un tratamiento adecuado, los esguinces de tobillo en la mayoría de los casos curan rápidamente y no se convierten en un problema crónico.
Tipos de esguinces de tobillo:
• Esguinces de primer grado : son el resultado de la distensión de los ligamentos que unen los huesos del tobillo. La hinchazón es mínima y el paciente puede comenzar la actividad deportiva en dos o tres semanas.
• Esguinces de segundo grado : los ligamentos se rompen parcialmente, con hinchazón inmediata. Generalmente precisan de un período de reposo de tres a seis semanas antes de volver a la actividad normal.
• Esguinces de tercer grado : son los más graves y suponen la rotura completa de uno o más ligamentos pero rara vez precisan cirugía. Se precisan ocho semanas o más para que los ligamentos cicatricen .
Tratamiento:
- Técnicas manuales osteopáticas
- Reposo
- Calzado con un buen contrafuerte
- Crioterapia 30 minutos ¾ veces por día
- Estiramiento
- Plantillas biomecánicas
- Terapia Física/Kinesiología
- Compresión y elevación

jueves, 15 de julio de 2010

Embarazada de siete meses corrió 10K en 45 minutos

Poseedora del actual récord mundial femenino de los 42 kilómetros con sus dos horas; quince minutos y veinticinco segundos de Londres 2003 y ganadora del Maratón de Nueva York en tres oportunidades -2004; 2007 y 2008-, la atleta olímpica británica Paula Radcliffe participó en una prueba en las calles de Leeds cuya recaudación se destinó íntegramente a la fundación Jane Tomilson que lucha contra el cáncer infantil. Esta vez no subió a la cima del podio aunque igual se trató de una proeza deportiva porque, a pesar de transitar su séptimo mes de embarazo, corrió los diez kilómetros en 45 minutos y 35 segundos.

Quince minutos más que la plusmarca femenina de este circuito inglés que ella estableció con sus treinta minutos y veintiun segundos de 2003, fue la segunda competencia que lleva a cabo a poco meses de dar a luz como lo hizo tres meses antes del nacimiento de su primogénita Isla. La carrera congregó a un total de 11 mil inscriptos que aportaron su granito de arena que ascendió a casi dos millones de libras esterlinas.

“A pesar del avanzado estado de gestación continúo entrenando porque quiero estar presente en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y me siento bien, además Janes Tomilson fue una gran amiga y un ejemplo, es un honor formar parte de esta prueba que lleva su nombre, ella falleció a raíz de un cáncer y nos dejó el legado de estos eventos deportivos para reunir fondos que sirven para solventar la lucha contra esta enfermedad”, explicó la campeona mundial de 36 años en declaraciones publicadas por Daily Mail.

miércoles, 5 de mayo de 2010


Así era el lugar donde entrena el Circuito Adidas Palermo 2 hace mucho mucho tiempo.... (Rosedal de Palermo)

Gracias Dany por el aporte!
Recomendación de lectura de El Grupo:

De qué hablo cuando hablo de correr
Andanzas
por Haruki Murakami
Tusquets Editores

"Para mí, correr, al tiempo que un ejercicio provechoso, ha sido también una metáfora útil. A la par que corría día a día, o a la vez que iba participando en carreras, iba subiendo el listón de los logros y, a base de irlo superando, el que subía era yo. O, al menos, aspirando a superarme, me iba esforzando día a día para conseguirlo.

No soy un gran corredor. Mi nivel es extremadamente corriente (por no decir mediocre). Pero eso no es en absoluto importante. Lo importante es ir superándose, aunque sólo sea un poco, con respecto al día anterior. Porque si hay un contrincante al que debes vencer en una carrera de larga distancia, ése no es otro que el tú de ayer.

Cuando digo que corro todos los días, hay gente que se admira de ello. A veces me dicen: «Menuda fuerza de voluntad tienes, ¿eh?». Por supuesto me alegra que me elogien. Es mucho mejor a que te denuesten. Pero, a mi parecer, tener fuerza de voluntad no significa que uno consiga todo lo que quiere. El mundo no es tan sencillo.

Que yo lleve corriendo de este modo más de veinte años supongo que se debe, en definitiva, a que esa actividad va con mi carácter. O, al menos, a que no me causa tanto sufrimiento. Al ser humano no le cuesta proseguir con algo que le gusta, pero sí con algo que no le gusta.

En general, para los que no formamos parte de la elite, una victoria o una derrota en particular no es crucial.

Precisamente porque el maratón es una prueba dura, y precisamente porque nos atrevemos a arrostrar esa dureza, podemos experimentar la sensación de estar vivos.

Es muchísimo mejor vivir diez años de vida con intensidad y perseverando en un firme objetivo, que vivir esos diez años de un modo vacuo y disperso. Y yo pienso que correr me ayuda a conseguirlo.

No soy ni un joven que sólo piensa en desafiar récords ni una máquina inorgánica. Sólo soy un escritor que, consciente de sus limitaciones, intenta prolongar un poco más, aunque sólo sea un poco, sus habilidades y su vitalidad.
Así es la escuela. Lo más importante que aprendemos en ella es que las cosas más importantes no se pueden aprender allí.

Si algún día quisieran grabarme un epitafio y pudiera elegir yo las palabras, me gustaría que dijera lo siguiente:

HARUKI MURAKAMI
Escritor (y corredor)
(1949-20**)
Al menos aguantó sin caminar hasta el final"

jueves, 22 de abril de 2010

Mi primera carrera como mamá o mi regreso “oficial” (anotada)
Por Marina Saún.

La verdad, confieso que creía que iba a volver antes. Y, por otro lado, la realidad es que aún no “volví”. Es decir, aún no empecé a entrenar. Aún no empecé a tener un plan personalizado, sistematizado y con objetivos concretos. Aún no logro ponerme las pilas y arrancar. Pero lo que sí logré desde el mes de marzo es empezar a moverme con continuidad. Dado que durante los meses de verano la franja horaria para salir a correr estaba en torno al mediodía/ primeras horas de la tarde, terminaba desestimándola debido al excesivo calor. Así fueron pasando los meses hasta que en marzo me propuse correr al menos durante mi trabajo, es decir, dando clases de entrenamiento. De esta manera, no sólo “mataba dos pájaros de un tiro” sino que – al dar clases casi todos los días – me obligaba a correr casi siempre. Y así estoy desde marzo, trotando a ritmos que no son los míos, persiguiendo objetivos ajenos pero en definitiva, moviéndome asiduamente. Primer paso cumplido. Con esta “preparación” afronté mi primera carrera a full desde antes del embarazo. No me anoté, no la programé y no la entrené. Simplemente con lo que tenía, tuve ganas de probarme. Quería averiguar qué quedaba de aquella atleta. Fue en la Nextel 10k del 21 de marzo de 2010 (con Cata a punto de cumplir los 6 meses). El resultado fue más que satisfactorio para mí. Hice 43’58”. Al recordar que al empezar a trotar dos meses después de dar a luz no podía ni correr a ritmo de 4’30” las rectas de 100m, el tiempo fue una grata sorpresa. Pero la carrera de la quería hablar esta vez fue la que corrí ayer. Se trató de la segunda en la que participé pero esta vez me había anotado. Y también la hice sin prepararla. La novedad fue que se trató de mi primera carrera con Cata. La principal motivación para hacerla era que habría una largada aparte (3’ antes) para las mamás con cochecitos y la verdad que a mí me pareció una experiencia hermosa poder recorrerla junto a mi bebé. El resultado me dejó conforme no sólo a nivel atlético sino que fue inolvidable a nivel humano. Si bien Cata recién está por cumplir 7 meses y durmió durante toda la carrera (sólo se despertó en la llegada, con el ruido de la música y de los altoparlantes), creo que – cuando crezca – también será muy lindo para ella ver las fotos y videos que eternizaron este mágico momento.
Se los recomiendo a todas las mamás!